Cuál será el papel real que esta nueva tecnología tendrá en las organizaciones y cómo cambiará el día a día de los equipos.
La inteligencia artificial (IA) y la automatización ya están generando efectos concretos y visibles en el mundo del trabajo. A diferencia de otras transformaciones tecnológicas que avanzaron de manera gradual, esta se está dando de un modo aún más vertiginoso.
En este contexto, según el informe La ventaja humana. Tendencias globales sobre el futuro del trabajo, elaborado por ManpowerGroup, muchas organizaciones están actuando con una lógica de corto plazo, priorizando la eficiencia operativa sin siempre evaluar las consecuencias humanas y estratégicas de estas decisiones.
En el presente, numerosos líderes empresariales analizan qué tareas pueden automatizarse rápidamente y cuáles generan un mayor retorno inmediato. Este enfoque se observa con claridad en áreas vinculadas a las comunicaciones con los accionistas, los procesos administrativos y la gestión de información.
En estos casos, la automatización promete rapidez, reducción de errores y menores costos. Sin embargo, esta mirada instrumental también ha derivado en reducciones de personal, bajo la premisa de que las tecnologías basadas en IA pueden reemplazar de forma directa a los trabajadores humanos.
Salidas y entradas
No obstante, la experiencia reciente está mostrando los límites de este enfoque. Algunos líderes que avanzaron en despidos asociados a la automatización comenzaron a revertir esas decisiones al comprobar que las soluciones actuales no siempre pueden operarse de manera completamente autónoma.
La falta de supervisión humana, la dificultad para gestionar situaciones imprevistas y la pérdida de conocimiento crítico pusieron en evidencia que la tecnología, por sí sola, no alcanza para sostener operaciones complejas.
En medio de estas tensiones, la apuesta por la automatización sigue creciendo. El 61% de los empleadores a nivel global planea aumentar sus inversiones en este tipo de tecnologías en el corto plazo.
Esto indica que la IA no es una tendencia pasajera, sino un eje central de la estrategia empresarial. Sin embargo, el informe advierte que automatizar con impacto directo y sin una visión integral refleja una creencia equivocada: pensar que la tecnología puede reemplazar categóricamente al trabajo humano.
Las personas, indispensables
Las implicancias para la fuerza laboral son claras. Sin un rediseño efectivo de los puestos y sin una supervisión humana activa, las organizaciones que dependan casi exclusivamente de máquinas inteligentes corren el riesgo de fallar rápidamente.
La automatización no elimina la necesidad de personas, sino que cambia el tipo de tareas que realizan. El valor humano se traslada hacia la toma de decisiones, la resolución de problemas complejos, la empatía y el criterio profesional, aspectos que la IA todavía no puede replicar de manera confiable.
En el corto plazo, este impacto se traduce en una reconfiguración del empleo más que en su desaparición total. Las funciones laborales que más cambiarán en los próximos cinco años, según los empleadores, están vinculadas a tecnología, manufactura y ventas y marketing.
En el sector tecnológico, el 76% anticipa transformaciones profundas, impulsadas por el uso de sistemas inteligentes. En manufactura, el 71% prevé cambios asociados a la automatización avanzada y la robótica. El mismo porcentaje se observa en ventas y marketing, donde la IA ya interviene en la segmentación de clientes, la personalización de mensajes y el análisis predictivo.
Mirando hacia adelante, el informe de ManpowerGroup plantea un escenario que comenzará a ser habitual en los próximos años: tiendas minoristas y otros negocios con pocos o ningún empleado en el lugar. Este modelo, si bien puede resultar eficiente desde el punto de vista operativo, abre un interrogante central sobre la experiencia humana. ¿Qué ocurre cuando un cliente necesita resolver una situación compleja y no encuentra con quien hablar?
El impacto directo de la IA en el corto plazo obliga, entonces, a una reflexión más profunda. Automatizar no debería ser solo una decisión tecnológica o financiera, sino también humana.