¿Volvemos a la oficina de tiempo completo?

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Mientras muchas grandes empresas proponen la vuelta a las cinco jornadas laborales, los talentos tienen otras ideas que quisieran que se impongan. 

Durante la pandemia, el trabajo remoto se convirtió en una solución y, para muchos trabajadores, en una experiencia reveladora. La flexibilidad, el ahorro de tiempo y la posibilidad de conciliar mejor la vida personal y laboral redefinieron las expectativas sobre cómo y desde dónde trabajar.

Sin embargo, a pocos años de ese cambio forzado, muchas organizaciones están dando un giro brusco: el regreso a la oficina de tiempo completo vuelve a estar sobre la mesa.

Según el informe La ventaja humana. Tendencias globales sobre el futuro del trabajo, elaborado por ManpowerGroup, un número creciente de organizaciones multinacionales está imponiendo políticas de regreso a la oficina (RTO, por sus siglas en inglés) de cinco días a la semana.

En algunos casos, incluso se exige que los colaboradores trabajen físicamente en la misma oficina que sus equipos, una modalidad conocida como “retorno del equipo”. Esta decisión marca un nuevo viraje en la relación entre trabajo presencial y remoto, y no está exenta de consecuencias.

Desde la mirada de muchos líderes, el trabajo presencial sigue siendo clave para fomentar la colaboración, la innovación y el sentido de pertenencia. Compartir un espacio físico facilita el intercambio espontáneo de ideas, acelera la toma de decisiones y fortalece los vínculos entre equipos. Sin embargo, cuando estas políticas se implementan de manera rígida y sin margen de flexibilidad, el impacto sobre la fuerza laboral puede ser significativo.

La mirada femenina

Uno de los datos más contundentes del informe es el efecto diferencial del RTO en mujeres y hombres. Ellas son significativamente más propensas a renunciar tras la implementación de políticas de regreso total a la oficina, con un aumento en la rotación casi tres veces mayor que el de los hombres.

Este fenómeno pone en evidencia que la flexibilidad laboral no es solo una cuestión de comodidad, sino también de equidad y sostenibilidad profesional. Para muchas mujeres, especialmente aquellas con responsabilidades de cuidado, la eliminación del trabajo híbrido o remoto implica un retroceso difícil de asumir.

Las implicaciones para las organizaciones son claras. Si bien cierta presencialidad puede ser positiva, los líderes que insisten en esquemas rígidos y eliminan por completo la flexibilidad están, en los hechos, reduciendo sus plantillas humanas.

El problema es que no pueden elegir quién se va. Con frecuencia, quienes cuentan con más opciones —los perfiles más calificados y demandados— son los primeros en buscar oportunidades laborales más versátiles en otras empresas o incluso en otros países.

Este escenario plantea una tensión central en el mundo del trabajo actual: la necesidad de colaboración frente a la expectativa de autonomía. Los trabajadores ya no evalúan un empleo únicamente por el salario o el prestigio de la empresa, sino también por el grado de control que tienen sobre su tiempo y su espacio. El bienestar, la salud mental y la calidad de vida se volvieron variables clave en la toma de decisiones laborales.

Mirando hacia el futuro, el informe de ManpowerGroup advierte que las disrupciones geopolíticas y climáticas en curso harán que el regreso obligatorio a la oficina sea cada vez más difícil de sostener en la década de 2030.

Eventos extremos, crisis energéticas, conflictos regionales y problemas de movilidad pueden volver impracticable la presencia diaria en un mismo lugar físico. En este contexto, la capacidad de operar de manera distribuida se transforma en una ventaja estratégica para las organizaciones.

Además, anticipa el estudio, el recambio generacional en el liderazgo también jugará un rol clave. A medida que los millennials pioneros comiencen a ocupar posiciones de conducción en empresas globales, es esperable que las políticas de RTO se relajen. En lugar de un retorno total a la oficina, muchos trabajadores a tiempo completo podrían volver a esquemas de trabajo distribuido, combinando oficinas, hogares y “terceros lugares” como espacios de coworking.

Entonces, ¿volvemos a la oficina de tiempo completo? Todo indica que no de manera uniforme ni definitiva. El desafío para las empresas no es elegir entre presencialidad o remoto, sino diseñar modelos flexibles, humanos y adaptables.