La importancia de tener una cultura diversa

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La diversidad no es una moda ni una estrategia de comunicación: es un valor fundamental para que las organizaciones sean sostenibles y competitivas a largo plazo. Sin embargo, la realidad demuestra que aún queda mucho por hacer.

Así lo muestra el estudio Acelerar la adaptabilidad, de ManpowerGroup, en el que 48% de las empresas consultadas reconoce tener dificultades para reducir la brecha salarial entre hombres y mujeres, lo que refleja que la paridad de género sigue siendo un desafío estructural.

Frente a este escenario, construir una cultura diversa deja de ser una aspiración para convertirse en un tema que se necesita abordar a la brevedad. Una cultura que no solo promueva la igualdad de oportunidades, sino que también asegure que las decisiones sobre promoción, reconocimiento y compensación estén libres de sesgos.

Medición objetiva y oportunidades reales

Uno de los puntos clave señalados por especialistas como Tomás Chamorro-Premuzic, Director de Innovación de ManpowerGroup, es la importancia de medir el rendimiento con base en datos objetivos. Esta práctica no solo aumenta la transparencia, sino que también abre el camino para que más mujeres accedan a promociones y posiciones de liderazgo.

Cuando las empresas priorizan métricas claras y comparables en lugar de percepciones subjetivas, logran reducir barreras históricas que han limitado el desarrollo de ciertos grupos. En otras palabras, una cultura diversa necesita procesos medibles y justos que aseguren que el mérito sea realmente el factor determinante.

Llegar a los grupos de talento desaprovechados

Otro desafío de la agenda actual es la creciente cantidad de hombres que, por distintos motivos, están saliendo de la fuerza laboral. El mencionado estudio de ManpowerGroup da cuenta de esto: “Los trabajadores varones también tienen dificultades. Solo en Estados Unidos, 6.8 millones de hombres, que representan el 10.5% de la mano de obra activa, no tienen empleo ni lo buscan. La tendencia es similar en otras economías desarrolladas”.

Entonces, para sostener una cultura diversa, las organizaciones deben trabajar de manera proactiva en programas de formación gratuitos y accesibles que ofrezcan oportunidades en sectores en expansión como la energía verde o la fabricación de baterías.

Este enfoque no solo amplía la base de talento, sino que también contribuye a construir un ecosistema laboral más equilibrado, en el que las oportunidades no estén limitadas por género, edad o contexto social.

El liderazgo diverso que demanda el futuro

La diversidad no se sostiene únicamente con políticas; necesita líderes capaces de darle vida todos los días. Los líderes del futuro deberán desarrollar rasgos como flexibilidad, inteligencia emocional, perspectiva global y curiosidad tecnológica. Estas cualidades les permitirán entender y valorar las necesidades únicas de cada persona, más allá de etiquetas o estereotipos.

Un liderazgo inclusivo no solo beneficia a quienes forman parte de la organización, sino que también impacta en la reputación de la empresa, la atracción de talento y la fidelidad de los clientes, cada vez más atentos a cómo las compañías gestionan su rol social.

Una inversión necesaria

Invertir en diversidad no es un gasto: es una apuesta inteligente. Las empresas con culturas diversas son más innovadoras, más resilientes y logran mejores resultados financieros. Además, un entorno inclusivo contribuye a la retención de talento, especialmente en un momento donde los profesionales buscan trabajar en lugares que representen sus valores.

El camino hacia la paridad de género y la diversidad plena es largo, pero cada paso en esa dirección refuerza la competitividad y legitimidad de la organización. Porque, en definitiva, una cultura diversa no solo mejora la vida de las personas que integran la empresa: es también el activo más valioso para el futuro del negocio.